La princesa y el caballero
En un reino lejano, los reyes tuvieron una hija a la que llamaron Vanessa. Una pequeña bebita tan hermosa como la luna. A medida que iba creciendo se hacía más y más bella y todos los jóvenes del pueblo querían casarse con ella pero ella no estaba interesada en ninguno de ellos. Cada tarde ella iba al lago a dibujar mientras veía la puesta de sol. Pero sus padres eran muy sobre protectores y no la dejaban llegar muy tarde.
Mientras, en otro reino, nació un niño al que le pusieron de nombre Ben-jhaim. Su sueño desde pequeño era convertirse en el mejor caballero del reino. Un día en una batalla contra otro reino, él fue reclutado para defender el reino. Gracias a él ganaron la batalla y lo nombraron caballero. Su sueño estaba cumplido. Era el mejor caballero y siempre luchaba por la justicia y por ayudar a los demás. Pero no solo era el mejor caballero sino que también escribía. Hacía los versos más hermosos que solo la luna era digna leer. Todas la jovencitas del pueblo se morían por él pero el solo tenía ojos para una. Un día se armó de valor y le declaró su amor, ella no sentía lo mismo y le dijo que mejor buscara a alguien que si lo ame. Se puso muy triste, agarró su caballo y se fue cabalgando a lo más profundo del bosque.
Vanessa venía del lago, ya era demasiado tarde y el bosque estaba oscuro, iba casi corriendo para no llegar tan tarde o sus padres la castigarían, cuando de repente unos maleantes la atacaron para robarle. Afortunadamente había un joven cerca que al oír sus gritos fue en su auxilio. Era un caballero fuerte y mató a todos los ladrones.
-Gracias, gran caballero- le agradeció la princesa- ¿Cuál es vuestro nombre?
-Mi nombre es Ben-jhaim y soy el mejor caballero de mi reino- montó su caballo y un pergamino cayó de su silla. Vanessa lo agarró y lo leyó.
-¿También escribes?- dijo ella maravillada
-Emm... si, bueno solo un poco- ella le dio el pergamino- ven, sube, te llevaré al palacio.
Los dos cabalgaron hasta el palacio, cuando llegaron ella se bajó del caballo, antes de entrar al palacio se dio media vuelta y le dijo al caballero-¿Nos vemos mañana en el lago antes del ocaso?- el caballero asintió con la cabeza y se alejó cabalgando. Los dos estaban locamente enamorados.
Al día siguiente, cerca ya del ocaso, la princesa se vistió con su mejor vestido y salió hacia el lago, no sin antes explicarles a sus papás lo que había ocurrido en el bosque y que quería salir. A penas la dejaron salir. Sus padres eran tan sobre protectores que no la dejaban salir ni al patio sin un guarda espaldas pero Vanessa supo como convencerlos y se fue. Cuando ella llegó él ya estaba ahí. Su caballo estaba atado a un árbol y estaba sentado en la orilla del lago. Tenía un pergamino al lado. Ella se acercó. Él la miró. Ella sonrió. Él se levantó. Ella se sonrojó. Él caminó y cuando estaban uno enfrente del otro él la abrazó. Los dos caminaron y se sentaron en la orilla del lago y él comenzó a leerle el poema. Era tan hermoso que las nubes se despejaron y dejaron ver a la luna que apenas se veía pues aún no era de noche. La tarde se pasó rápido y cuando menos se dieron cuenta ya era de noche y era muy tarde. Él la llevó en su caballo. Cuando entró al palacio sus padres estaban ahí, sentados en los tronos mirándola muy enojados.
-¿Por qué tan tarde, Vanessa?- Le preguntó su padre, en serio estaba molesto.
-Es que... se me hizo un poco tarde- Respondió Vanessa.
-Debe ser ese muchacho, si seguro es él el que te hace llegar tarde. No me agrada nada que andes sola con él, ¡debería arrestarlo por traerte tan tarde! ¡Es más! Te prohíbo verlo!!- su padre iba a explotar
-¡¿Qué?! no puedes hacer eso!-
-Lo haré si vuelves a llegar tan tarde. Lo arrestaré y lo mantendré en el calabozo y no lo volverás a ver si vuelves a llegar tarde.- Vanessa solo suspiró y asintió con la cabeza. No quería pelear con su padre.
Después de que el padre de Vanessa la amenazara con encerrar a Ben no volvió a llegar tarde. Todos los días se veían en el lago a la misma hora y se ganó la confianza de sus padres. Él y ella se amaban tanto que parecía que su amor no terminaría nunca pues cada día se amaban más. Hasta que sucedió...
-Vanessa, yo te amo pero... no puedo seguir así- Dijo el caballero, se notaba algo nervioso.
-¿Qué? Qué pasa Ben? Dime!-
-Es que...
-Es que qué?!
-Yo... quiero que nos casemos para poder irnos a otro lugar y tener muchos hijos juntos- Vanessa estaba perpleja.
-Ben... en serio?
-Claro que si! yo solo quiero estar contigo para siempre
Los dos se besaron y se abrazaron hasta que el sol desapareció detrás del gran lago. Se puso oscuro y la luna y las estrellas salieron para hacerles compañía.
-¡Ben!- gritó Vanessa- ya es tarde!
-y eso qué? yo quiero estar contigo
-pero Ben, si llego tarde mi padre te encerrará y no nos volveremos a ver!
-Entonces huyamos, no tenemos que volver.
-Pero... ben, a donde?
-A donde sea
Los dos se miraron y decidieron huir. Cabalgaron lejos. Todo iba bien, los dos juntos, la luna a su favor pero eso no duró mucho. Se encontraron a unos maleantes. Bajaron al caballero Ben-Jhaim de su caballo y también a la princesa. Cayeron justo en el lodo. La luna se entristeció y se escondió tras unas nubes. Comenzó a llover. Ninguno de los dos podía hablar, era demasiado. Uno de ellos sacó una espada y mató a Ben-Jhaim. Lágrimas cayeron del rostro de Vanessa a la que también mataron.
El rey despertó muy agitado, había tenido una terrible pesadilla. Se acercó a su bebe.
-Vanessa, espero que comprendas lo que voy a hacer. Lo hago por tu bien. No permitiré que nadie te haga daño.
Vanessa no salió del castillo jamás y no conoció al caballero que por no verla jamás se quitó la vida después de declararle su amor a la dama que amaba. Y todos vivieron infelices. Fin.
-Mi nombre es Ben-jhaim y soy el mejor caballero de mi reino- montó su caballo y un pergamino cayó de su silla. Vanessa lo agarró y lo leyó.
-¿También escribes?- dijo ella maravillada
-Emm... si, bueno solo un poco- ella le dio el pergamino- ven, sube, te llevaré al palacio.
Los dos cabalgaron hasta el palacio, cuando llegaron ella se bajó del caballo, antes de entrar al palacio se dio media vuelta y le dijo al caballero-¿Nos vemos mañana en el lago antes del ocaso?- el caballero asintió con la cabeza y se alejó cabalgando. Los dos estaban locamente enamorados.
Al día siguiente, cerca ya del ocaso, la princesa se vistió con su mejor vestido y salió hacia el lago, no sin antes explicarles a sus papás lo que había ocurrido en el bosque y que quería salir. A penas la dejaron salir. Sus padres eran tan sobre protectores que no la dejaban salir ni al patio sin un guarda espaldas pero Vanessa supo como convencerlos y se fue. Cuando ella llegó él ya estaba ahí. Su caballo estaba atado a un árbol y estaba sentado en la orilla del lago. Tenía un pergamino al lado. Ella se acercó. Él la miró. Ella sonrió. Él se levantó. Ella se sonrojó. Él caminó y cuando estaban uno enfrente del otro él la abrazó. Los dos caminaron y se sentaron en la orilla del lago y él comenzó a leerle el poema. Era tan hermoso que las nubes se despejaron y dejaron ver a la luna que apenas se veía pues aún no era de noche. La tarde se pasó rápido y cuando menos se dieron cuenta ya era de noche y era muy tarde. Él la llevó en su caballo. Cuando entró al palacio sus padres estaban ahí, sentados en los tronos mirándola muy enojados.
-¿Por qué tan tarde, Vanessa?- Le preguntó su padre, en serio estaba molesto.
-Es que... se me hizo un poco tarde- Respondió Vanessa.
-Debe ser ese muchacho, si seguro es él el que te hace llegar tarde. No me agrada nada que andes sola con él, ¡debería arrestarlo por traerte tan tarde! ¡Es más! Te prohíbo verlo!!- su padre iba a explotar
-¡¿Qué?! no puedes hacer eso!-
-Lo haré si vuelves a llegar tan tarde. Lo arrestaré y lo mantendré en el calabozo y no lo volverás a ver si vuelves a llegar tarde.- Vanessa solo suspiró y asintió con la cabeza. No quería pelear con su padre.
Después de que el padre de Vanessa la amenazara con encerrar a Ben no volvió a llegar tarde. Todos los días se veían en el lago a la misma hora y se ganó la confianza de sus padres. Él y ella se amaban tanto que parecía que su amor no terminaría nunca pues cada día se amaban más. Hasta que sucedió...
-Vanessa, yo te amo pero... no puedo seguir así- Dijo el caballero, se notaba algo nervioso.
-¿Qué? Qué pasa Ben? Dime!-
-Es que...
-Es que qué?!
-Yo... quiero que nos casemos para poder irnos a otro lugar y tener muchos hijos juntos- Vanessa estaba perpleja.
-Ben... en serio?
-Claro que si! yo solo quiero estar contigo para siempre
Los dos se besaron y se abrazaron hasta que el sol desapareció detrás del gran lago. Se puso oscuro y la luna y las estrellas salieron para hacerles compañía.
-¡Ben!- gritó Vanessa- ya es tarde!
-y eso qué? yo quiero estar contigo
-pero Ben, si llego tarde mi padre te encerrará y no nos volveremos a ver!
-Entonces huyamos, no tenemos que volver.
-Pero... ben, a donde?
-A donde sea
Los dos se miraron y decidieron huir. Cabalgaron lejos. Todo iba bien, los dos juntos, la luna a su favor pero eso no duró mucho. Se encontraron a unos maleantes. Bajaron al caballero Ben-Jhaim de su caballo y también a la princesa. Cayeron justo en el lodo. La luna se entristeció y se escondió tras unas nubes. Comenzó a llover. Ninguno de los dos podía hablar, era demasiado. Uno de ellos sacó una espada y mató a Ben-Jhaim. Lágrimas cayeron del rostro de Vanessa a la que también mataron.
El rey despertó muy agitado, había tenido una terrible pesadilla. Se acercó a su bebe.
-Vanessa, espero que comprendas lo que voy a hacer. Lo hago por tu bien. No permitiré que nadie te haga daño.
Vanessa no salió del castillo jamás y no conoció al caballero que por no verla jamás se quitó la vida después de declararle su amor a la dama que amaba. Y todos vivieron infelices. Fin.
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